Mis Artículos
En un Estado Policial, la Libertad es Subjetiva
Soy extracomunitaria y también Comunitaria. Soy sudamericana, y sudeuropea, por mis venas corren la sangre y las semillas de cien naciones. Pero básicamente soy (o intento). No en vano Yahvé se hacía llamar “yo soy el que soy” (lo que le evitaba dar demasiadas explicaciones sobre quién era).
¿“Y tu quién eres”? me preguntó en seco un policía italiano, vestido de civil, dentro de mi casa (o del lugar donde legalmente sobrevivo).
-“Io sono l’avvocato X”, y usted quién es”,
-“Io sono la Polizia”, dijo mostrándome su credencial al estilo de serie americana.
Pero lo interesante de ésto es que el agente pasaba por allí para preguntar si la escalera design que habíamos apenas montado en nuestro Bed & Breakfast tenía el permiso edilicio. Al escuchar mi desfachatez latina y mi acento no-puramente-italiano el policía no dudó en pedirme documentos y preguntarme “¿e’ comunitaria o extracomunitaria?” . Agregaba así -a su intención edilicia inicial- algo que poco y nada tenía que ver con la escalera. De una posible infracción comunal pasaba a una infracción internacional.
-“E’ una lunga storia” , le respondí, y él, con una forzada paciencia, me tuvo que escuchar:
En 1.853 mi bisabuelo Ferdinando, se fue desde las montañas toscanas al puerto más cercano: Génova, destinación : Argentina. Se fue porque había días enteros en que no comía, la epidemia del cólera había estallado otra vez. Mi bisabuelo era agricultor como la mayoría de la población italiana (además de analfabeta) pero por esas épocas, había poco que cosechar. Argentina era, y es, un país generoso, donde todo crece casi sin querer. A Ferdinando y a los más de dos millones de italianos que emigraron a Buenos Aires, nunca le faltó ni trabajo, ni comida, ni un recibimiento bastante acogedor.
Veinticino millones de italianos emigraron entre el siglo XIX y el Siglo XX en uno de los mayores éxodos de la historia moderna.
¿Pero que relación tiene la masiva inmigración italiana con que un desorientado policía italiano me pidiera identificarme en mi propia casa?
No lo sé con certeza, pero alguna debe tener…
-Un día soleado y festivo: estoy paseando a mi perro (comunitario) y veo la siguiente escena: tres magrebíes (físicamente reconocibles) conversando tranquila y amigablemente en la calle; una patrulla de polizia frena en seco frente a ellos, se baja uno de los agentes y les exige que se vayan de ahí, “que despejen”.
¿ Perdón? ¿ He escuchado bien?
El hecho me indigó, no sólo como jurista y como síntensis de “La Inmigracion” que soy, además como ciudadana (según el R.A.E.: habitante de las ciudades antiguas o de Estados modernos como sujeto de derechos políticos y que interviene, ejercitándolos, en el gobierno del país). Con toda la calma del mundo le dije al policía que esos señores, que efectivamente tenían todos sus papeles en regla, (por más oscuritos que sean) tenían el derecho de estar en la calle y que por más autoridad pública que él fuera, no tenía el derecho de coartarles su libertad de hablar, de asociarse, o simplemente de estar.
Son cosas tán elementales que me extraña tener que explicarlas a un funcionario público de un país democrático y donde gobierna el Estado de Derecho.
¿Estado de Derecho? ¿Qué es eso?
El Estado de Derecho está formado por el Estado como forma de organización política, y el Derecho como conjunto de normas que rigen el funcionamiento de una sociedad. De esta forma el poder del Estado queda subordinado al orden jurídico vigente.
Creo que en Italia hay un Estado de Derecho formal pero no material, o sea no se ponen a disposición del ciudadano los elementos materiales para que el Estado de Derecho sea efectivo.
Estoy hablando de hechos gravísimos que pueden ser síntomas de un nuevo Estado Policial; y la gravedad no es puramente jurídica, sino de conciencia ciudadana, global, todo está relacionado: se trata del lugar donde vivimos y de cómo queremos vivir.
-Un día cualquiera, una amiga mía de Francia me vino a visitar con su novio mulato. Estábamos dando un paseo con mi coche cuando nos paró (otra vez) la policía, justamente, porque yo estaba hablando por el móvil. La policía metió la cabeza por la ventanilla cual avestruz y lo único que hizo fue pedir documentos al más oscurito del coche.
Este hecho en un país democrático se llama legalmente racismo. Al menos así me lo enseñaron en la facultad de Derecho.
Hace no más de un mes he visto una transmisión en la RAI 1 (la cadena nacional más importante del país) con el título “¿Cómo reaccionarías si tu hija se casa con un negro?” Sin palabras.
Y sin palabras está la sociedad italiana, que básicamente no es racista, pero no se exprime sobre el tema ¿Si aún existen, dónde están los intelectuales? ¿Dónde están los grandes juristas italianos?
En un país donde todos hablan demasiado de todo y más bien de nada, los escribidores y parlanchines oficiales han dejado fuera este argumento y muchos otros, que yo (ciudadana, o sea: nadie. Pero este es otro tema) considero urgentes.
Recientemente en Rosarno (Calabria) hubo una reyerta entre comunitarios y no-comunitarios que llegó a los disparos (con balas de aire comprimido): algunos italianos -no identificados- dispararon a algunos africanos -sin papeles-, la paradoja quiso que un refugiado político que se fue de Togo por los peligros que corría, recibiera un par de disparos en plena Reppubblica.
La Legge sulla sicurezza italiana convirtió en delito la inmigración clandestina, con la consecuente injuria jurídica de que un estatus, y no un hecho, pueda ser delito.
Pero en ningún momento de la historia la mano dura enderezó una situación que se creía torcida, al contrario.
El derecho penal medieval castigó en distintos momentos de la historia, delitos como el hurto con la pena de muerte, pero los robos en vez de disminuir siempre aumentaron; como este ejemplo encontramos muchísimos en la historigrafía jurídica.
Por más de que traten de prohibir la inmigración (que ya de por sí, es ilegal, porque el traslado de un directivo de un país a otro no es inmigración) no podrán: la vida vale más que las penas.
Los africanos se enfrentan a la muerte en alta mar, al monopolio de las mafias (a veces formadas por funcionarios públicos), pero aún así siguen, porque simplemente tienen la esperanza de vivir mejor.
Los ineptos que nos gobiernan no entienden que la vida no les pertenece, ni las esperanzas, ni las generaciones futuras, ni las ganas innatas de superarse que tiene el ser humano, ni el polvo del camino, ni el agua del mar.
Aunque el mediterráneo sea un cementerio, los africanos lo seguirán cruzando para cumplir sus promesas, como lo hizo mi bisabuelo hace más de cien años, junto con millones de italianos muertos de hambre y de deseos y como lo hace la humanidad desde que pisó esta tierra.
Vivimos en la cultura de la hipocresía y la política de inmigración no es una excepción. Varios inmigrantes me confirmaron sin ninguna sorpresa, como algunos funcionarios consulares y diplomáticos (en este caso eran consulares españoles en Rusia) venden visas para pasar la frontera de la UE. Los precios varían entre 2.000 y 5.000 euros por visa.
Al policía que me pidió los documentos en mi propia casa le dije que no me hacía sentir en un país libre, y él me respondió sonriendo: “la libertad es algo subjetivo”.
Una respuesta muy interesante. Creo que la libertad puede ser subjetiva hasta un cierto punto: un preso por más que se sienta libre, no es libre.
Según el diccionario de la Real Academia Española uno de los significados de libertad es la “facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres”.
En mi caso, cuando la autoridad pública me pidió identificación, yo me encontraba en mi domicilio sin subvertir de ninguna manera el orden legal o moral de la sociedad.
Al final de la historia le mostré mis documentos al aprendiz de racista, y lo siento por mi bisabuelo, pero lamentablemente SOY ITALIANA.
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Para recordar:
Art. 3 (paragrafo 1). Costituzione Italiana
Tutti i cittadini hanno pari dignità sociale e sono eguali davanti alla legge, senza distinzione di sesso, di razza, di lingua, di religione, di opinioni politiche, di condizioni personali e sociali.
Art. 12. Declaración Universal de Derechos Humanos
Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.
Las drogas, un problema complejo
FUNDAMENTOS CONTRA LA PROHIBICIÓN
POR MALENA ZINGONI, DESDE EL PARLAMENTO EUROPEO, BRUSELAS
ALGUNOS FUNDAMENTOS DEL “LLAMAMIENTO PARA LA REFORMA ANTIPROHIBICIONISTA DE LAS CONVENCIONES DE LA ONU EN MATERIA DE DROGAS”
(El llamamiento puede firmarse en Internet: www.antiprohibitionist.org)

Artículo / Estados Unidos de América del Sur y América Central
Por Maurizio Turco y Malena Zingoni

Las relaciones entre la Unión europea (UE) y los países de América Central y del Sur, están estigmatizadas por una política contraproducente: la Política Agrícola Comunitaria (PAC).
La PAC nace en una coyuntura económico-social que hoy no debería encontrar justificación alguna dado que el colectivo de los agricultores apenas representa el 4% del empleo europeo. Hoy la UE tiene una agricultura centrada en la exportación que funciona gracias a la competencia desleal o dumping. La UE subvenciona un nivel de producción que excede enormemente la demanda interna y facilita la venta de los excedentes mediante subvenciones a la exportación; una idea más perversa no podría hallarse.Y no creo que sea inútil y aún menos, demagógico recordar un hecho que habla por sí solo: En Latinoamérica 170 millones de personas viven con menos de 2 dólares al día, en cambio, cada vaca europea recibe en promedio una subvención estatal de 2 dólares por día (según datos del Banco Mundial).
La OMC criticó sin paliativos la política agrícola europea durante las sesiones celebradas en julio de 2002, concluyendo que el proteccionismo de la UE impide la expansión de los países en desarrollo y que sin estos obstáculos, la agroindustria podría haberse convertido en fuente importante de crecimiento económico y de reducción de la pobreza. Se sumaron a las críticas el Banco Mundial, la ONU e incluso el Fondo Monetario Internacional.